A seis meses, Raúl Castro sigue sin mostrar todas sus cartas en Cuba
Estos cambios, descalificados por "cosméticos" por Washington, fueron sin embargo bien recibidos en la isla, aunque el hecho de que estén fuera del alcance de la mayoría de los cubanos sin acceso a divisas haya creado también un alto grado de frustración.
La Habana.- Seis meses deberían bastar para ver hacia dónde se dirige un gobierno. En Cuba, sin embargo, medio año después de que Raúl Castro asumió formalmente la presidencia del país, el 24 de febrero, el hermano menor del histórico líder Fidel sigue sin mostrar todas sus cartas.
Una estrategia que conlleva el peligro, advierten muchos, de una creciente frustración en una población que no acaba de ver los cambios esperados y que se sigue señalando el bolsillo cuando se alude a sus expectativas.
Que las cosas no iban a ir rápido es algo que el propio Raúl Castro se encargó de remarcar desde el principio. Mucho más en la actual coyuntura internacional, con una creciente alza en los precios de los alimentos y combustibles que, subrayó el mandatario el mes pasado, requerirá de los cubanos que se aprieten aún más el cinturón.
"Hay que acostumbrarse a recibir no sólo buenas noticias", advirtió el nuevo mandatario en el estratégico discurso del 26 de julio.
Con todo, observadores insisten en destacar un "parón" o cuanto menos ralentización del proceso de reformas en los últimos tiempos, tras unas vertiginosas primeras semanas en las que los cubanos vieron con asombro cómo se levantaban algunas "prohibiciones absurdas", como la liberación de la venta de celulares y computadoras, o el permiso de alojarse los nacionales en los hoteles de lujo de la isla.
Estos cambios, descalificados por "cosméticos" por Washington, fueron sin embargo bien recibidos en la isla, aunque el hecho de que estén fuera del alcance de la mayoría de los cubanos sin acceso a divisas haya creado también un alto grado de frustración.
"La gente lo que está esperando es el cambio de moneda, de que la gente se vea respaldada por su dinero ganado. El día que esto suceda, todas las leyes maravillosas, éstas que han aprobado, servirán", comentaba una habanera a la agencia dpa.
Pero esto, el problema de la doble moneda y el del salario que, con una media de 17 dólares, sencillamente no alcanza, parece haberse quedado por el momento en el tintero, al igual que la muy esperada eliminación del permiso de salida.
"La nueva ilusión que necesita Cuba no está siendo satisfecha, se esperaba una estrategia más clara frente a las dificultades y expectativas creadas", sostuvo el disidente Manuel Cuesta Morúa en conversación con dpa.
Para el portavoz del moderado Arco Progresista, "el viaje del sentido común del gobierno cubano hacia la realidad se ha congelado en el espacio y el tiempo".
"El gobierno no parece tener un proyecto de país, más bien parece una administración de crisis con muchos parches, pero nada que apunte en la dirección que necesita Cuba de los cambios estructurales a los que el mismo Raúl Castro aludió. Y eso decepciona a mucha gente", advirtió.
El analista estadounidense Dan Erikson cree entretanto que el nuevo presidente cubano "ha dado pasos cautelosos para revitalizar la economía cubana mientras contiene las expectativas de la población".
En vista de la coyuntura internacional, Cuba "se centrará en dificultades de corto plazo, concentrándose en medidas paso a paso para impulsar su capacidad productiva, lo que podría ralentizar los esfuerzos para implementar cambios estructurales más amplios", aventuró el especialista del "think tank" Diálogo Interamericano.
Entre estas medidas de contingencia podría incluirse la decisión del gobierno de realizar una reforma en el sistema de jubilación que retrase la edad de ésta en cinco años.
También la eliminación del tope salarial y una creciente descentralización del campo, con alicientes para los productores y la entrega en usufructo de tierras ociosas, aprobada por decreto en julio.
Los cambios, la palabra de moda en estos seis meses en Cuba, también han afectado al panorama internacional, en el que la isla vio cómo la Unión Europea levantaba en junio las sanciones impuestas en 2003 contra la isla. Una decisión motivada, en buena parte, por la decisión del gobierno de Raúl Castro de conmutar varias penas de muerte y, sobre todo, de firmar -aunque con reservas- dos pactos internacionales de derechos humanos.
Más ahí vuelve a surgir un "pero". Diversos grupos opositores y de derechos humanos han reclamado insistentemente a La Habana que "publique" y "ratifique" dichos pactos, gesto que hasta el momento no se ha producido.
Pendiente, en propias palabras de Raúl Castro, queda también la reestructuración del gobierno, que se espera para finales de año. Y el crucial primer Congreso del Partido Comunista en más de una década, para el que sin embargo habrá que esperar al término de 2009.
Cumplidos seis meses de gobierno, y con la vista puesta en la celebración a finales de año del 50 aniversario del triunfo de la revolución cubana, todavía está por verse si Raúl Castro se guarda algún as en la manga o si ha agotado, como temen algunos, todas las posibilidades de la complicada baraja que tiene entre manos.



